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Agentes Secretos Vs. Secretos De La Gente

Agentes secretos vs. secretos de la gente

“Más interesante que lo que la gente dice es su pensamiento secreto, y esto es lo que importa conocer”. Seguramente no imaginó el escritor belga Maurice Maeterlinck que, más de media centuria después de su muerte, sus palabras podrían representar tan bien el juego de equilibrios de una sociedad como la contemporánea. De un tiempo a esta parte, asistimos a un impulso desenfrenado de las autoridades por conocer qué decimos, cómo lo decimos y a quién se lo decimos, gracias a las poderosas herramientas de comunicación en tiempo real que nos da la irrupción del escenario 2.0 de Internet.

La era de la “felicidad Social Media” parece haber tocado a su fin. Ya no vale ir a pecho descubierto, sin miedo a ver cómo tus propias palabras se pueden convertir en la excusa para meterte en un problema. No hablamos ya de crisis de reputación personal o corporativa, hablamos de una auténtica persecución legal y administrativa por la que el ejercicio de la libertad de expresión te puede llevar, de la noche a la mañana, a afrontar una sanción económica o penas mayores. La coacción, la amenaza o las simples desideratas son las excusas en las que se ampara el nuevo Estado policial cibernético del que nadie está a salvo.

La explotación de herramientas de monitorización es plenamente válida a efectos estadísticos o incluso para estudios reputacionales, para pulsar la opinión en la red, para conocer los deseos expresados y actuar en consecuencia, para fomentar una conversación permanente y enriquecedora entre los diversos componentes de la sociedad. Es un proceso que, entre otros beneficios, contribuye a suavizar las aristas de binomios como productor-consumidor, legislador-ciudadano o político-votante, amén de suponer una actividad económica floreciente en tiempos de retrocesos económicos que parecen no tocar a su fin.

 

Inviolabilidad violada

Pero una cosa es eso y otra es la vigilancia desde la presunción de culpabilidad permanente, la sospecha sistemática, universal y completa de quienes utilizan un espacio de libertad comunicativa como es (o debería ser) Internet. En ese sentido, más que por lo que decimos, parece que se nos observa por lo que pensamos, lo digamos o no. Y de ahí nacen todos los escándalos de espionaje institucional que sacuden al mundo desde las primeras revelaciones de Wikileaks y, más en concreto, desde las primeras revelaciones de Edward Snowden. Ya no es solo lo que decimos en público, de lo que a fin de cuentas es lógico rendir cuentas si supone delito alguno, si no también de lo que nos decimos en privado. Todo vale en aras de la seguridad. O de lo que el mundo antiguo llama “seguridad”, y que poco tiene que ver ya con las visiones más actualizadas de la seguridad, y la cibeseguridad.

Ayer mismo tuvimos constancia de que un alto oficial de la inteligencia británica, Charles Farr, decidió hacer de su capa un sayo emitiendo un informe en el que justifica la actividad de espionaje de la agencia británica GHCQ, y más lejos aún, defendió la ausencia de garantías individuales que son necesarias para la monitorización de las conversaciones online. Esto supone tanto como defender la violación de derechos constitucionales asentados en los principios democráticos universales, como, valga la redundancia, la inviolabilidad de las comunicaciones. O el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen.

En una espiral de acción-reacción-represión cuyas magnitudes aun no estamos preparados para estimar, los elementos más vanguardistas del online no dejan de investigar y desarrollar nuevas soluciones para no poder ser vistos ni escuchados. Y en ellas no encontramos solo a “los malos de la película”, que también están, como siempre han estado, en plan garrapata, apoyándose en los avances en cualquier frente de la sociedad. Hoy por hoy es posible proveerse de todo un abanico de opciones para anonimizar prácticamente cualquier aspecto de nuestra vida digital. También, con el tiempo, será posible que las agencias de inteligencia penetren en esos sistemas. Y ello, a su vez, propiciará nuevos desarrollos por parte de quienes tienen valoran su privacidad por encima de cualquier otro bien.

Alfonso

Consultor Social Media y Director Ejecutivo en SocialBrains. Además ex periodista, con especialidad académica en Comunicación y Gestión Política, y todavía hoy columnista en Gestiona Radio y Diario Financiero, bajo el nick Arquero Público. Autor del libro de artículos Líneas desde el páramo. Más en su perfil en about.me.

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