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La Asfixia De Las Compras Compulsivas

La asfixia de las compras compulsivas

Históricamente la industria ha aprovechado fechas específicas que ya gozaban de algún acontecimiento social fuertemente establecido para proponer excusas a la hora de incentivar la compra de bienes y servicios. De dar de comer a la maquinaria, ya sabes.

Navidades, San Valentín, el día de tu cumpleaños… Momentos que de una u otra manera tiran de los tradicionalismos para crear una demanda artificial que es positiva para el tráfico de dinero en uno y otro sentido.

Pero al parecer no es suficiente.

En estos últimos años hemos visto como a las ya habituales fechas se han ido uniendo otras creadas ex profeso para rellenar “huecos incómodos”. El día sin IVA de algunos gigantes como Fnac es un claro ejemplo, como también lo es el Black Friday, el Cyber Monday, y desde este mismo año, el Amazon Digital Day (ES).

¿Qué problema hay en que los grandes se sumen a la moda de los descuentos masivos? Que la mayoría de estas fechas crecen de manera desmesurada, sin un nexo cultural que las acote, acaparando cada vez más espacio en nuestros calendarios y generando un entorno que hasta cierto punto desincentiva al consumo.

El Black Friday ha pasado de ser un día a ser prácticamente dos semanas. Es más, llevamos cerca dos meses bombardeados con ofertas diarias que no queda claro si pertenecen a la campaña de Navidad, a la de Black Friday, a la del Cyber Monday, o a otra nueva que se han sacado de la manga.

Esta histeria colectiva se agrava en entornos digitales, donde las barreras de acceso son aún menos pronunciadas, generando esperpentos como los vividos recientemente con las Ofertas de Invierno de Steam (antiguamente limitadas a apenas una semana con ofertas distintas cada día, y actualmente un bofetón masivo que difícilmente es abarcable), los descuentos de Google Play y la App Storeo el que está preparando Amazon con su Digital Day, centrado en productos digitales, y cuya duración no está aún clara.

Un estrés permanente que ya está generando un entorno de consumo cada vez más hostil. A fin de cuentas, si todo está (casi) siempre en oferta, nada lo está.

¿Debería comprar esto hoy, o esperarme a X fecha? O peor aún, ¿tengo claro en qué fecha podría haber descuento para esto que me quiero comprar?

¿En serio se esperan que TODOS los días revisemos las tiendas en busca del chollo del año? Porque el punto aspiracional que dota de atractivo a las rebajas tiene un límite. Y no hay cosa que más joda que comprar algo para darse cuenta que al día siguiente está en oferta (me ha pasado, por cierto, estas Navidades).

Nuestros bolsillos, además, son limitados, y ese aspecto era precisamente el catalizador perfecto para que la industria generase una demanda exagerada en unas fechas específicas. Pero si ya no tengo claro cuando empieza una campaña y cuando termina, ¿no estamos echando piedras sobre nuestro propio tejado?

Un poco de seriedad, hombre. Proponer tres o cuatro fechas a lo sumo bien marcaditas en el calendario, y gustosos iremos a soltar el dinero sumándonos a la histeria colectiva. Pero no lo desperdiguemos por todo el año, que así no hay humano capaz de mantener el hype alto todo este tiempo. Y tampoco hay cartera capaz de aguantarlo, por cierto.

Porque esa es otra. Habrá que echar cálculos. ¿De verdad esta situación favorece al negocio? ¿Solo a grandes marcas? ¿A alguien?

Lo cual deja abierta la puerta a posibles negocios auxiliares. Como bien me comentaba Alfonso a colación de este asunto, al igual que existen agregadores de feeds, lo normal es que haya agregadores de productos. Herramientas que vayan un poco más lejos del ya clásico blog de “chollos del día”. Un servicio que de verdad presente una herramienta adecuada a la hora de tomar la decisión oportuna (un análisis a un histórico de precios y una comparativa entre tiendas vendría genial). Y ya puestos, que aplique inteligencia para intentar predecir cuál es el momento idóneo para comprar.

Si ya tenemos herramientas de este tipo en los mercados bursátiles, digo yo que trasladarlo al mercado minorista no debería ser una epopeya heróica.

En fin, que ya sé que empiezo el año criticón, pero es lo que toca.

Feliz 2017. 

Y ya de paso, ánimo. Lo va(mos) a necesitar…

Pablo F. Iglesias

Analista de información en Nuevas Tecnologías y Seguridad Informática, Consultor de Estrategia y Marca, aportando masa gris como Ejecutivo de Tecnología y Seguridad en SocialBrains, que no es poco :).

Esta entrada tiene 4 comentarios
  1. Como casi todo, no es malo ni bueno. Todo depende del uso.

    Yo utilizo una aplicación que sigue los precios de las 2-3 cosas que pueden interesarme y me avisa cuando hay un descenso de los precios.

    Saludos

  2. Que buen articulo, y yo me pregunto, sera que algunos que tienen productos antiguos… Hacen ofertas como diria el dicho “tiran la casa por la ventana”…porque hay cuando uno ve las ofertas, se sorprende, ya que como es posible que un producto tan malo tenga aceptacion o tambien rechazo, lo comento porque estaba viendo las campañas que se realizaron en diciembre y en reyes… Y muchas daban mucho que desear en facebook… En fin… Que el sol salga para todos, pero espero que el sol no deslumbre, si no tendremos que ponernos gafas de sol 😉

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