Saltear al contenido principal
1-800-987-654 admin@totalwptheme.com
Europa Y La Economía Digital: El Cuñado Llorón De La GDPR

Europa y la economía digital: el cuñado llorón de la GDPR

Nos estamos jugando el futuro. Mientras unos mass media adocenados que siguen en sus trece elevan el ruido de sables por las medias verdades o medias mentiras de las últimas cifras del paro, en Europa seguimos caminando todo derecho y sin frenos hacia la adopción de ciertas medidas garantistas que parecen haber sido alumbradas por quienes no entienden la economía digital. Ni falta que les hace. Les basta con pedir que “inventen otros”, los de siempre, las tecnologías made in USA con hardware fabricado en cualquier barracón de mala muerte en Asia, vaya usted a saber con qué dinero y de qué color al negociar la materia prima.

Europa es como el cuñado llorón que nos cuenta cada Navidad lo muy mal que le va, pero que se pone muy digno cuando le recomendamos para que un amigo le contrate en su empresa. “¿Enriquecer a otros con mi sudor?”, nos espeta de forma invariable y herida, antes de añadir: “¿Qué méritos se cree que tiene para utilizar mi tiempo y mi esfuerzo?”. De nada sirve que se le diga aquello de que, al menos, su empleador se juega los cuartos cada mañana. “De algún sitio lo habrá robado, nadie se hace rico siendo ético”, remacha. Y sí, al pobre hombre le va mal, e irradia su amargura a los demás cuando explica que utiliza los bienes que la sociedad de mercado pone a su alcance “porque no le queda otra que sobrevivir”.

Así, mientras propios y extraños corremos que nos las pelamos para ver si nuestros proveedores cloud, que hablan todos inglés californiano, cumplen con la inminente GDPR, en EEUU no solo no ponen vallas a la explotación de los datos, sino que basan en ello buena parte del crecimiento económico del futuro. En una economía donde ni el precio ni otras variables del marketing tradicional están llamadas a ejercer una función preponderante frente al achicamiento de las fronteras y la (por suerte) desaparición de las barreras aduaneras, el dato es el factor decisivo de compra para quienes deben entender a sus audiencias, tratar con ellas, limitar sus riesgos operacionales y conjurar las amenazas de un mercado que ni perdona los fallos ni olvida los patinazos. Hemos pasado de un capitalismo de no risk, no profit a otro de no data, no incomes.

Buena prueba de lo atrás que nos estamos quedando es el último Informe de investigación de mercado de Open Source Intelligence (OSINT), cuyo pronóstico mundial alcanza nada menos que hasta el año 2023. ¿Quién se la juega a decir qué regiones saldrán favorecidas en dicho pronóstico? Efectivamente, EEUU – Canadá y Asia – Pacífico. De Europa, lo mejor que se puede oír, es aquello que dijo Sabino Fernández-Campo cuando los papanatas militares del 23-F le preguntaron por el Rey: “Ni está, ni se le espera”. Solo que aquella frase tuvo la virtud de parar un golpe de estado, si aceptamos la versión oficial de los hechos. Pero en el caso que nos ocupa, tiene casi ninguna virtud y contiene muchas inquietudes. Demasiadas para quien piense en hacer futuro basándose en lo digital.

¿Qué porcentaje, de entre quienes saben qué es, aciertan a decir a la primera las cuatro siglas en su orden correspondiente: GDPR? Un servidor confiesa que ha googleado para redactar este mismo post. Y mira que es fácil: General Data Protection Regulation, GDPR. Entendámonos: no es que tenga nada en contra de una ley orientada a proteger al usuario. Más bien estoy y estaré a favor. Pero sí contra un poder legislativo y ejecutivo que hace dejación de funciones en incentivar el emprendimiento para diseñar sistemas europeos de información que puedan hacer sombra al omnímodo poder norteamericano. Decirle a la GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) cómo debe hacer las cosas, después de no haber participado en su concepción es, como mínimo, un acto intolerable de prepotencia. ¿Se han preguntado por qué esas empresas son lo que son? ¿En qué han basado la posibilidad de ofertar el mayor abanico de servicios nunca antes visto? ¿Cómo han orientado sus esfuerzos para hacer de sus marcas algo de alcance universal? Niet. Quieren que sigan existiendo para el gran público (el votante, la manada, el que paga la fiesta), pero imponiéndoles unas reglas que violan la naturaleza misma de su funcionamiento.

La propia presentación de la normativa es para darle una vuelta al asunto: después de cuatro años de preparación y debate, reza el texto, la GDPR fue finalmente aprobada por el Parlamento Europeo el 14 de abril de 2016, y debe ser de aplicación obligada en todos los estados miembro a partir del 25 de mayo del presente año 2018. En total, seis años. ¡Seis años, seis, como los toros! ¡Como si en seis años nada hubiera cambiado en el entorno digital!

En la exposición se añade con graciosa vehemencia que aquellas empresas y organizaciones que no cumplan tendrán severísimas multas. Claro que la mueca irónica acompaña tamaña amonestación, cuando uno sabe que la picaresca económica ha dado a luz a despachos especializados en certificar dicho cumplimiento mediante la firma de una serie de documentos, por los que las empresas se comprometen a ser la quintaesencia de la salvaguarda de los datos… incluso si no saben hacer “ni la o con un canuto”. O cuando sus proveedores, que son universales, les han enviado un e-mail hace ya varios meses que viene a decir “usted haga nada y menos, diga que sí y ya está, y respóndame a lo que le vaya preguntando”. Oigan… ¿y tanto lío para echar unos garabatos y hacer clic en un par de casillas de verificación? Que vale. Que sí. Que qué magnífico que piensen en nosotros. Y tal.

Las autoridades DEBEN estar para proteger a sus administrados de los abusos de cualquiera. Pero me resulta cuando mínimo complicado confiar en ese celo protector procedente de gobiernos y Estados que están involucrados, de forma activa o pasiva, en las tramas más inverosímiles de espionaje ciudadano a través de las herramientas digitales. Para eso (ironic mode on) me quedo con los Estados Unidos de Trump, que al menos no lo ocultan: el Gran Hermano os vigila, y lo mejor que podéis hacer para ser felices es daros por no enterados. La otra opción que le queda a Europa (ironic mode off), si de veras es tan garantista como quiere parecer, es echarle arrestos al asunto y poner todos los huevos en la misma cesta. Es decir: incentivar la creación de una “GAFA” paralela a la norteamericana, con empresas que tosan a las del otro lado del Atlántico y que sean capaces de combinar la GDPR, sin atajos legales ni trampas certificadoras, con el crecimiento a lomos de la economía digital.

Lo demás son ganas de hacer el ridículo. Como con el Derecho al Olvido. Como con el sonoro (y merecido) portazo que pegó Google News en España. Y, además, de dejarnos en el furgón de cola de la economía mundial. Que ya son ganas.

Imagen: pexels.com

Alfonso

Poniendo cerebro a la parte social de Internet en @SocialBrains y consultor de estrategias online en @Numerik. Y además, ex periodista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Volver arriba