Interesante la presentación del borrador del Comité de Derechos Civiles, Justicia y Asuntos Internos del Parlamento Europeo que estos días se hacía público.

En sus 90 páginas (EN) se recoge, para beneplácito del grueso de ciudadanos europeos, la necesidad de establecer un ecosistema digital donde toda comunicación vaya cifrada de punto a punto. A saber:

La confidencialidad de las comunicaciones electrónicas asegura que la información intercambiada entre dos partes y el resto de elementos externos de dicha comunicación, incluido el cuándo se ha enviado esa información, desde dónde o hacia dónde, no serán reveladas a nadie más que a las partes implicadas en la misma.

La semana pasada hablábamos de la importancia de crear un mercado único digital, y en esta empezamos a ver movimientos que apuntan hacia ese sueño dorado que sería proteger uno de los puntos fuertes del ecosistema digital actual: la privacidad.

El principio de confidencialidad es uno de los derechos más críticos para el porvenir de nuestra vida en colectivo. Ya no solo por razones obvias (deberíamos tener derecho a comunicarnos de forma privada), sino sobre todo en vista al ecosistema de tratamiento de datos masivo y automatizado que estamos tejiendo (ES), y que en el futuro será juez y verdugo de factores tan importantes en la vida de una persona como es el acceso a una hipoteca, el trabajo, los estudios o el encontrar una pareja.

Además, hay un tema que me ha gustado especialmente, y es que dentro de  este principio consideran necesario ya no solo cifrar la información propia de la comunicación como también hacerlo con los metadatos de la misma. Es decir, con la identidad de los participantes de la comunicación, con el sistema utilizado, con el lugar desde donde se realice, con la hora…

Precisamente fue el aprovechamiento de estos metadatos de comunicación lo que servía de alimento a aquella monstruosa aberración de control masivo (ES) que en su momento implementó la agencia de inteligencia americana, y que Snowden acabaría por destapar.

Gracias a los metadatos es posible, sin llegar a conocer el contenido de la comunicación, saber dónde vivimos, qué costumbres tenemos, con quién nos comunicamos y cómo lo hacemos. Aspectos que son a día de hoy ampliamente explotados tanto por gobiernos como por empresas para crear una suerte de profiling del ciudadano/usuario.

Incluyendo en el mismo saco comunicación y metadatos de comunicación se evitan los usos malintencionados que de una explotación semejante podrían obtenerse, cumpliendo entonces con lo que el principio debería salvaguardar.

No obstante, es solo un borrador. Y resulta curioso que haya sido presentado cuando precisamente, tres miembros de la Unión Europea tan fuertes como son Reino Unido, Francia y Alemania, hayan apostado por anteponer esa ansia de control masivo al sentido común poniendo como excusa la lucha contra el terrorismo.

¿Saldrá adelante el proyecto? Ojalá así sea, y podamos decir entonces que Europa vuelve a ser referente del futuro tecnológico de la humanidad. 

Hasta entonces, esperar y ver qué acaba pasando con el borrador…