Saltear al contenido principal
1-800-987-654 admin@totalwptheme.com
Fake News, Bulos En Salud E Ingeniería Social

Fake news, bulos en salud e ingeniería social

El pasado domingo 8 de abril tuve ocasión de participar como ponente, en calidad de miembro de la Junta Directiva de AERCO&PSM, en las jornadas organizadas en el Pabellón Docente del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS). La charla, que ya he defendido en varias ocasiones, adaptando el contenido según el auditorio al que me enfrento, lleva por título Transformación Digital en 6 tweets y 35 pasos, y trata de mostrar un enfoque desmitificador sobre el binomio de moda desde hace al menos 4 años, justamente el de “transformación digital”.

La conferencia tuvo como marco las ya mencionadas jornadas de ANIS, tres días de una agenda intensa tanto en cantidad como en calidad de los contenidos. Aunque por motivos de agenda no me fue posible asistir a todos, sí quiero hacer mención expresa de la mesa redonda sobre “bulos en la información relativa a la salud”, donde camparon a sus anchas temas como la manipulación en redes sociales, las fake news, los algoritmos de las plataformas de contenidos y varios asuntos relacionados.

Son cuestiones no solo relacionadas con la percepción global, horizontal, abierta y receptiva que exijo a la hora de hablar de Transformación Digital, sino que además están estrechamente vinculadas a un libro que he tenido la fortuna de leer con detenimiento en fechas recientes: ¿Eres vacunofóbico? Dime, te escucho. Quien abra el enlace podrá echarme en cara que utilice a la familia, pero es que además de ser un Piñeiro con la sesera mucho más en su sitio que el que esto firma, mi hermano Roi acredita un currículum que le vale la mención: Jefe Asociado del Servicio de Pediatría del Hospital General de Villalba, y director de una consulta pediátrica especializada y líder en el tratamiento con las familias reticentes, o escépticas, a las campañas de vacunación. Que lo son, precisamente y en muchas ocasiones, por haber sido víctimas de los numerosos y deleznables bulos que circulan de boca en boca, y de byte en byte, acerca de las vacunas.

La vida a veces te sirve ocasiones así: hablar ante una audiencia conformada por profesionales de la comunicación ligados al mundo de la salud, teniendo a un fenómeno de la medicina como hermano, y habiendo militado uno mismo en la comunicación y el periodismo durante casi dos décadas. Más allá de esas concomitancias profesionales que alimentan el anecdotario y el ego, y volviendo sobre la mesa redonda sobre bulos en materia de salud, percibí un halo de pesimismo acerca del impacto real que puedan tener los buenos y saludables hábitos comunicativos de quienes se han decidido a hacerles frente. Pesimismo que tiene su origen en una evidencia, que es que, contra lo que nos ha enseñado el refranero popular, en Internet la mentira no tiene las patas cortas.

Esa evidencia existe, y también se la encuentra a diario el doctor Piñeiro (el doctor, el bueno, mi hermano quiero decir), en su consulta especializada. Algo que con el paso del tiempo y tras numerosas dosis de paciencia, comprensión infinita, muchas horas de escucha y varias noches sin dormir, le ha llevado a desarrollar unos procedimientos de los que se presume muchas veces, y no siempre de forma legítima, en los entornos digitales: la empatía, situar al cliente/usuario en el verdadero centro de la experiencia, generar engagement. En el trato con las familias vacuno-escépticas, Roi Piñeiro ha llegado a una conclusión que, por sencilla, vale cada una de sus letras en oro: si te enfrentas con la familia, el/la menor saldrá sin vacunar de la consulta; y eso, para un profesional de la salud, es mucha más derrota que sentarse a escuchar las legítimas conclusiones erróneas de padres que, por lo demás, están especialmente informados y leídos. No son ignorantes, no son malvados, no son enemigos de la sociedad… son simplemente padres preocupados por cuidar de la mejor manera posible, según su entendimiento de cuál es esa “mejor manera”, aquello a lo que más quieren en este mundo: sus pequeños.

Algo similar debería trasladarse al trabajo online con los bulos, las fake news, y otras formas de intoxicación, consciente o inconsciente, que pueblan los contenidos digitales. Lo fácil, lo cómodo, incluso lo conservador, es burlarse de la ignorancia de quienes se hacen eco de ellos, o buscar conspiraciones informativas que superan en imaginación a las de las propias víctimas de los bulos, o sacarles tarjeta roja y expulsión por dedicarse a propagar mentiras. Eso no sirve de nada. Lo que sí puede servir es tomar nota de la dimensión de estas nuevas realidades, y comprometerse seriamente y de forma colaborativa en trabajar para erradicar sus consecuencias. La verdad es a la Web 2.0 lo que los perímetros clásicos a la ciberseguridad: no existe la garantía de ser invulnerable, lo que existe es la posibilidad de mitigar los daños, ser resiliente y reforzar las políticas activas frente a un entorno hostil.

Al final de mi intervención tuve la oportunidad de solicitar la participación de varias y varios voluntarios (a los que agradezco de corazón su rápida predisposición) para realizar un experimento en vivo al que bautizamos con el hashtag #JuegoBulosANIS. Dividí a los espontáneos en cuatro grupos: una periodista, un grupo muy activo de emisores de bulos en Twitter, y dos empresas gemelas, con la única salvedad de que una de ellas estaba en contacto con las redes sociales y la otra no.

El objetivo principal del juego era demostrar (que lo consiguiera ya es harina de otro costal), cómo una empresa que se hace eco de la realidad digital tiene más papeles para sortear una crisis de reputación que aquella que hace oídos sordos a los comentarios de la red, o que directamente los desprecia. Pero más allá de este objetivo hasta cierto punto previsible, por más que resultara divertido para quienes participaron en ello, la dinámica nos permitió vislumbrar otra realidad: los “disparos a quemarropa” del supuesto grupo de emisores de bulos tuvieron un impacto muy elevado, hasta el punto de que cuando buscamos el hashtag en la aplicación de Twitter del smartphone de quien hacía el rol de periodista, la propia aplicación nos lo completó tras apenas teclear unos caracteres… sin haber buscado previamente en dicho dispositivo el hashtag en cuestión.

¿Conclusión? Con ingeniería social aplicada, con buena programación, con una orquestación adecuada, con experiencia tecnológica y con abundante know-how digital es posible crear y revertir tendencias. Vaya. Lo mismo que hacen las chicas y los chicos de los pasamontañas digitales, ya sea para crear fake news, ya para campañas de hacktivismo, ya para poner a presidentes inútiles a dirigir grandes naciones. Todo vale. Para todos. Incluidos nosotros, “los buenos”. Así que lo que toca es aprender.

Como tuve ocasión de decir para despedirme, “lo que no quiero es volver a oír dentro de seis meses en otro escenario, en otro congreso, que los bulos son difíciles de combatir o que el periodismo está hecho trizas; quiero oír que hemos cambiado las tornas porque acabamos de probar que se puede hacer. Propongo organizar aquí, ahora, hoy, una plataforma coordinada, eficaz, profesional, para hacer frente a los bulos en salud. Y hasta aquí regalo la idea. Si alguien quiere más, me puede contactar cuando quiera”.

Cuando quiera.

Alfonso

Poniendo cerebro a la parte social de Internet en @SocialBrains y consultor de estrategias online en @Numerik. Y además, ex periodista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Volver arriba