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Las Gafas De Clark Kent

Las gafas de Clark Kent

A Superman, uno de los superhéroes de cómic más famosos, se le supone un montón de poderes extraordinarios: superfuerza, volar, rayos en los ojos… todo muy super, oiga. Sin embargo, ninguno tan sorprendente como el que le conceden las gafas de Clark Kent, su alter ego. El mejor disfraz del mundo. Porque si tomamos el disfraz no por su parte lúdica, de fiesta de halloween o carnaval, si no por su parte de cambiarnos, de pasar inadvertidos en la multitud, las gafas de Clark se llevan la palma. Incluso a Mortadelo podemos descubrirlo en sus disfraces, pero no a Superman, que se pasea delante de amigos y enemigos sin que ninguno de ellos caiga en la cuenta de héroe y reportero despistado son la misma persona.

Bajando un escalón hacia la realidad, hacia lo que nos rodea, me da que cada vez más las redes sociales se están convirtiendo en unas gafas como las que lleva el hombre de acero. Personas, empresas, actitudes, intenciones que creen a pies juntillas que poniéndose unas simples gafas, es decir, creando y manteniendo un perfil en una, varias o todas las redes sociales, logran disfrazarse, ser otro, dar la impresión necesaria. Puede que ni tu pareja te haga caso en la vida real, pero si te colocas sobre la napia las gafas de Clark Kent y empiezas a opinar en Twitter, tus frases parecerán las de Aristóteles, como mínimo. Puede que en el bar que frecuentas ya no se traguen lo de que te falte un euro para la siguiente birra, pero es colocarte las gafas, pedir “me gusta” en facebook y te llueven. Es posible que seas la peor empresa en atención al cliente, pero bastan un par de virales en YouTube para que parezcas la Coca-Cola en verso.

Y nos ponemos las gafas por alguna razón como: “Hey, a ese tipo de los calzones por fuera le sirven, ¿porqué a mi no?” Y ya no importa nada más. Todo son gafas. Su color, su tamaño, su forma, su precio. Nos movemos en un mundo en que cada vez importa más a que red social perteneces, como la usas, cuanto intervienes. El Paraíso de General Óptica, vamos.

Sin embargo, olvidamos lo más importante. A Superman le funciona el truco por dos razones básicas: la primera, obviamente, porque Superman es una historia de ficción. Las reglas las ponen sus guionistas y nuestro “límite de incredulidad” lo acepta perfectamente desde el principio. Esto no ocurre, o no debería ocurrir en las Redes Sociales. Los disfraces no funcionan. Si eres una empresa, y a no ser que vendas gafas, el hecho de querer “ser otro” no te va a valer de nada. Si eres una persona, no puedes funcionar con una doble personalidad detrás de unas gafas y con otra en lo demás, más allá de un juego o una temporada. Al final, sólo serás un tipo que se pone gafas.

La segunda razón es también clara. Como me dijo un limpiabotas la última vez que visité Metrópolis, al pie del mismisimo edificio del Daily Planet: “Mire, todo el mundo sabe que Clark Kent es Superman, hasta los críos. Pero ¿sabe? Él es el puto Superman ¿quién se va a atrever a llevarle la contraria? Él es feliz, nosotros también”.

Adolfo Suarez

Ha pasado la mayor parte de su vida trabajando como diseñador gráfico y divirtiéndose como escritor, hasta que la crisis le invitó a llevar las lentejas a casa con lo segundo. Y en ello está, con tres libros ya en sus alforjas: Primera Cosecha, Viento en las velas y, muy reciente, Madride. Si le buscáis en Twitter como @cosechadel66 probablemente le encontraréis, pero será más fácil si preguntáis en “El patio del pájaro azul”.

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Bajando un escalón hacia la realidad, hacia lo que nos rodea, me da que cada vez más las redes sociales se están convirtiendo en unas gafas como las que lleva el hombre de acero. Personas, empresas, actitudes, intenciones que creen a pies juntillas que poniéndose unas simples gafas, es decir, creando y manteniendo un perfil en una, varias o todas las redes sociales, logran disfrazarse, ser otro, dar la impresión necesaria. Puede que ni tu pareja te haga caso en la vida real, pero si te colocas sobre la napia las gafas de Clark Kent y empiezas a opinar en Twitter, tus frases parecerán las de Aristóteles, como mínimo. Puede que en el bar que frecuentas ya no se traguen lo de que te falte un euro para la siguiente birra, pero es colocarte las gafas, pedir “me gusta” en facebook y te llueven. Es posible que seas la peor empresa en atención al cliente, pero bastan un par de virales en YouTube para que parezcas la Coca-Cola en verso.

  2. Bajando un escalón hacia la realidad, hacia lo que nos rodea, me da que cada vez más las redes sociales se están convirtiendo en unas gafas como las que lleva el hombre de acero. Personas, empresas, actitudes, intenciones que creen a pies juntillas que poniéndose unas simples gafas, es decir, creando y manteniendo un perfil en una, varias o todas las redes sociales, logran disfrazarse, ser otro, dar la impresión necesaria. Puede que ni tu pareja te haga caso en la vida real, pero si te colocas sobre la napia las gafas de Clark Kent y empiezas a opinar en Twitter, tus frases parecerán las de Aristóteles, como mínimo. Puede que en el bar que frecuentas ya no se traguen lo de que te falte un euro para la siguiente birra, pero es colocarte las gafas, pedir “me gusta” en facebook y te llueven. Es posible que seas la peor empresa en atención al cliente, pero bastan un par de virales en YouTube para que parezcas la Coca-Cola en verso.

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