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Que Alguien Me Devuelva Mi Ticker De Facebook

Que alguien me devuelva mi Ticker de Facebook

Recuerdo leer de pequeño una novela titulada El día en que el mar se retiró. “Leer” es demasiado decir. Es uno de esos libros que empecé en varias ocasiones y en otras tantas abandoné la lectura. Hábito tan perjudicial como propio de quienes si presumimos de capacidad de atención, es precisamente porque carecemos de ella. Y que, además, con los años y las demandas continuas de atención (informativas, sociales, y social-informativas), ha ido in crescendo. Sad but true, my dear.

El caso es que aquella novela, aunque nunca pude terminarla, sí la recuerdo por la imposibilidad lógica de su argumento, y la vivencia real, incontestable, de aquello que el título apuntaba: que un buen día, a saber a cuento de qué, el mar desaparecía. Por eso es por lo que la primera vez que pisé Mont-Sant Michel, coincidió con marea baja, tuve un irreprimible Déjà vu. Una visión remotamente familiar, aunque no por ello más tranquilizadora.

El mar ha sido objeto de numerosos relatos literarios. En casi todos ellos, como enemigo. Ya se trate de la historia viva del Titanic, ya de la historia reelaborada de los corsarios y milicianos de Pérez-Reverte, el mar ha sido un elemento ingobernable, ergo temible.

Y el mar, en redes sociales, también existe. Se llama Ticker de Facebook, esa actualización permanente de noticias de aquello que dicen, hacen o casi piensan tus contactos. Un nicho de oportunidades para explotar la capacidad de interacción en tiempo real con los usuarios de la red, percibida empero por propios y allegados del Social Media como un elemento díscolo, bravucón y desmelenado.

Y he aquí mi queja, señoría. Yo he perdido mi Ticker. Desde hace varios meses camino en solitario por esa llanura facebookiana producida por el día en que el océano de mi entorno social, mi mar de Me gusta en tiempo real, se retiró. Ninguna de las razones posibles que se apuntan en las aguas azules y procelosas de la ayuda online del sr. Zuckerberg me asiste. Así que enciendo una vela a dios, y otra al diablo, para que mi Ticker vuelva, y que me dé el tiempo de reacción suficiente para que, si es con marejada, no me pille con medio pie en Twitter y el otro en Google+. No vaya a ser que, arrollado por el vendaval de actualizaciones decida, motu proprio, cerrarle la puerta al mar, al enemigo, y no volver a verlo nunca más.

PD: Y si alguien puede echarme un cable, a sus pies me tiene.

Alfonso

Poniendo cerebro a la parte social de Internet en @SocialBrains y consultor de estrategias online en @Numerik. Y además, ex periodista.

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