De todos es sabido la propensión que tiene un gobierno como el Chino de dar prioridad (y a veces, exclusividad absoluta) a las empresas nacionales frente a las foráneas. Una postura que rema claramente a favor de los locales, esgrimiendo como en tantos otros casos factores económicos y de seguridad nacional.

A finales de julio Apple decidía aceptar las presiones del gobierno y quitar del market varias aplicaciones de VPN (EN). China, y pocos días después Rusia (EN), establecían así un coto privado en el que se prohíbe dentro de sus fronteras el uso de esta tecnología, criminalizándola, y pese a que es pilar básico de cualquier infraestructura empresarial o educativa (ES/las VPNs permiten acceder de forma segura a recursos privados de una organización).

Esto días conocíamos de mano de TheHindu (EN) la precaria situación que tienen los chicos de Cupertino dentro del país del sol naciente. China representa para Apple un quinto de los ingresos totales, y una cuarta parte del beneficio operativo. Muy superior, en todo caso, al impacto económico que tiene en otras grandes multinacionales como es el caso de IBM, Oracle o EMC. Sin embargo, sus ventas cayeron un 27% en el primer trimestre del 2017 frente a la subida que están experimentando algunos de los smartphones estrella de Huawei y Oppo.

¿La razón? El ecosistema digital de unos y otros.

Mientras Apple es obligada a cerrar sus tiendas digitales (libros y películas, principalmente), los fabricantes asiáticos crecen en volumen. La petición del gobierno porque la compañía gestione a nivel nacional los datos de iCloud (y por supuesto bajo la tutela de sus “operarios”), reabre el debate sobre la necesidad de encontrar socios locales… y lo que ello supondría frente a la postura hermética y pro-derechos de privacidad que Apple siempre ha hecho gala.

Sin ir más lejos, Facebook pasaba por su misma situación hace ya unos meses, y entonces un servidor se preguntaba si es que el negocio debería ir siempre por delante de la misión y objetivos éticos de una compañía.

Haciendo del mundo un lugar más _________ y conectado era el titular bajo el que en su momento publicamos la pieza, y un año más tarde, parece totalmente trasladable al caso de Apple:

Entrar en un mercado como el asiático es verdaderamente difícil para una empresa de Occidente. Ya no solo por las diferencias culturales, sino por lo que implica a nivel puramente político acceder al que por otra parte representa, y según palabras textuales de Zuckerberg, “el país que no se puede obviar“ (EN).

La cuestión es dónde ponemos los límites. Google parece que por ahora ha desistido de tamaña empresa, pero quién sabe en el futuro. La que es a día de hoy primera potencia económica del mundo es una tarta demasiado suculenta como para obviar. Tanto que algunos deciden olvidarse de sus principios y arañar lo máximo posible un ecosistema empresarial totalitarista, proteccionista y profundamente anti-extranjeros.

Comerse uno mismo las palabras, como parece que le está pasando estos días a Tim Cook (ES), y abrirse poquito a poquito a la censura y control al que el gobierno chino somete a sus ciudadanos, con la esperanza de que además de ciudadanos sean clientes suyos.