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La “revolución Tecnológica” De Los Restaurantes

La “revolución tecnológica” de los restaurantes

Impactante informe el que recientemente publicaba The New York Times sobre la crisis que están experimentando algunos restaurantes de Silicon Valley (EN).

Al parecer, esa gentrificación experimentada en el Valle del Silicio (ES) con la irrupción un mayor número de trabajadores del sector tecnológico con un nivel de vida sensiblemente mayor que la media, está llevando a cada vez más negocios familiares a no poder hacer frente a los precios de los alquileres de la zona, y por tanto, a plantearse cómo mantenerse a flote.

¿Qué opciones tienen? Algunos están apostando por cerrar el espacio físico y ofrecer su servicio puramente a nivel digital, mediante aplicaciones de pedido a domicilio.

Y otros, como es el caso de Eater, a crear espacios sin camareros, en los que la interacción con el restaurante se realiza únicamente mediante pantalla y una suerte de “armarios” en los que se deposita la comida, siendo el cliente quien la recoge, como se puede ver en la imagen que acompaña este artículo.

De esta manera, se reducen sensiblemente los costes (los recursos humanos son en cualquier organización el mayor gasto), y dibuja un escenario más afín con la forma de ser de esos nuevos ciudadanos de la bahía.

La historia me recuerda poderosamente a esa tendencia que por estos lares hemos ido experimentando en sectores como el del retail, las gasolineras y, como no, el de las propias cafeterías.

Ya nos parece normal eso de ir a un supermercado o a una tienda de ropa y únicamente relacionarnos con el dependiente a la hora de pagar. Cosa que hace tan solo unas décadas parecía impensable.

Somos nosotros quienes decidimos qué probar y qué no, qué meter en la cesta, y no el dependiente, cuya única labor es realizar la transacción final o como mucho, asesorarnos si estamos en duda.

Y algo semejante ha pasado con las gasolineras o las cafeterías. Locales donde antes llegábamos y el trabajador nos hacía el servicio, y que ahora es cubierto por nosotros mismos (echar la gasolina o pedir y llevarlo hasta la mesa). Donde antes se necesitaban tres o cuatro trabajadores, ahora solo se necesitan uno o dos.

Un cambio que no tengo del todo claro que haya sido a mejor, y que viene influenciado, en mayor o menor medida, por la paulatina revolución tecnológica.

Un servidor mismamente ha pasado de salir casi todos los fines de semana a tomar algo a hacerlo en casos bastante puntuales, pidiendo que me traigan a casa la cena.

Servicios como JustEat han democratizado el acceso a este tipo de experiencias anteriormente solo disponible para grandes cadenas de comida rápida como Telepizza. A día de hoy, y al menos por Madrid, es posible pedir en prácticamente cualquier restaurante de la ciudad y que te lo traigan a casa. E incluso si el propio restaurante no ofrece esta opción, ahí están estas nuevas startups de logística como Deliveroo que se encargan de acercarse, pedirlo, empaquetarlo y llevártelo a la puerta aún humeando.

No hablo de comida rápida. Hablo de CUALQUIER restaurante.

Por supuesto, esto abre la veda a que quien quiera elija cómo gastar su dinero, pero me pregunto qué pasará cuando en vez de una alternativa sea la única alternativa posible.

Si como parece que está pasando en Silicon Valley, cada vez veremos más carteles de “Only by App” en los restaurantes de barrio de toda la vida.

Cosa que dudo mucho que ocurra de la noche a la mañana, máxime en un país como España, pero que ya empieza a ser la realidad al otro lado del charco…

Pablo F. Iglesias

Analista de información en Nuevas Tecnologías y Seguridad Informática, Consultor de Estrategia y Marca, aportando masa gris como Ejecutivo de Tecnología y Seguridad en SocialBrains, que no es poco :).

Esta entrada tiene 3 comentarios
  1. Bueno, si tengo que servirme yo mismo, y posiblemente levantar la mesa una vez terminado el consumo en estos establecimientos de mierda que están puestos para beneficiar exclusivamente a los dueños por medio de todos los ahorros de coste posibles, mejor me ahorro yo mismo el coste y me preparo lo mío en mi casa. Y esto es más barato que estar engordando el bolsillo de payasos de todo tipo que lucran “con la novedad”.

    La comida,¿se sirve en envases desechables, contribuyendo a la polución que tanto escandaliza al clasemierdero típico, o uno tiene también que lavar sus envases, para estar en el tono del ahorro de costes humanos? Pura retórica.

  2. No puedo creerlo, es genial. Los retos que esto conlleva son grandes. cerrar los ojos a lo que viene solo nos dejará en desventaja. Será una oportunidad para el mundo de la gastronomía de reinventarse. No quiere decir que sea el único camino, los establecimientos tendrán que dar nuevos valores agregados para “recuperarnos”. Ole por los innovadores! Ya quisiera pedir algo en ese sistema y los que faltan por aparecer. Los avances del call-to-order o el drive-tru, quedan cada vez más lejos. Tal vez yo también sería de los que hacen su cena en casa. Sin escuchar ya la radio AM de la tia Gertrudis. Tal vez un poco de Spotify. Los insumos via web del supermercado y la receta de sopa de esa youtuber koreana…ya hasta se me antojó. #querico

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