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Transformación Digital: ¿mito O Realidad?

Transformación Digital: ¿mito o realidad?

La transformación digital está de moda. Y Google lo sabe mejor que nadie. De hecho, si te fijas en este gráfico de Google Trends, puedes observar cómo, el pasado mes de febrero, se alcanzó el récord de búsquedas de este término.


Gráfico Google Trends para el término “Digital Transformation”

Ahora bien, el interés que despierta es casi tan grande como la confusión que genera. Las palabras “transformación digital” sirven de paraguas para hablar de un sinfín de tecnologías que, muchas veces, se intentan colocar con calzador en compañías que aún no comprenden ni para qué sirven ni qué beneficios les generarán (si es que les traerá alguno). Voy a mencionar a algunas de ellas para que sepáis de qué estoy hablando: big data, AI (inteligencia artificial), ML (machine learning), VR (realidad virtual), AR (realidad aumentada),  blockchain, computación cognitiva, IoT (Internet de las Cosas)

¿Abrumado? No era mi intención. Mejor dejemos a un lado todas esas siglas en inglés porque no nos interesan para profundizar en el verdadero significado y en el objetivo último de la transformación digital. ¿Qué es, por tanto, y qué persigue la transformación digital?

La transformación digital es el proceso que aborda una organización para adaptarse a un nuevo escenario en el que la tecnología conectada ha explosionado, gracias al desarrollo de Internet y de los dispositivos móviles, y ha sido rápidamente adoptada por los ciudadanos/consumidores. Además, se suman a la ecuación nuevas empresas que nacen ya con un modelo de negocio y una cultura totalmente alineadas con la nueva realidad. Esto provoca que los negocios tradicionales sufran el riesgo de quedar obsoletos y sean superados por empresas jóvenes que han generado cambios disruptores en su sector encontrando una forma mejor de satisfacer a los ciudadanos/consumidores.

En realidad, seguro que existen tantas definiciones como expertos en el tema. De hecho, os confieso que, cuando llevo pasajeros de BlaBlaCar y me preguntan a qué me dedico, lo explico, cada vez, de una manera diferente. Pero los elementos clave siempre están ahí: ciudadano/consumidor más conectado y más exigente, disrupción en el negocio y nuevas tecnologías.

Precisamente, la propia BlaBlaCar es un ejemplo de lo que trato de explicar. Esta aplicación cuyo fundamento no es nada nuevo (juntarnos con otras personas que van al mismo sitio para compartir los gastos de viaje), sin embargo, ha sacudido fuertemente al sector del transporte. Esta app pone en el bolsillo del usuario una herramienta para organizarse a la hora de compartir trayecto con una infinidad de usuarios, de modo que pueda ahorrarse dinero y viajar con mayor flexibilidad de horarios, puntos de partida y puntos de destino. Imagino que muchas compañías de autobuses están abordando estrategias de transformación digital para adaptar sus servicios, sus procesos, su propuesta de valor e, incluso, su modelo de negocio a esta nueva realidad, con el objetivo de continuar siendo una opción atractiva para los viajeros.

Llegados a este punto, me gustaría recalcar cuatro condiciones clave para que una estrategia de transformación digital sea una realidad y no alimente el mito del que hablaba en el titular del artículo:

  • Cambio cultural: ninguna organización se transforma si no se produce un fuerte cambio de visión y de forma de hacer las cosas en las personas que la componen. En este sentido, el primer punto que debería recoger cualquier estrategia de transformación digital es la sensibilización y la formación de todos los empleados para remar, entre todos, en una misma dirección y con una misma convicción.
  • Convencimiento y apoyo de la alta dirección: los máximos directivos no solo deben compartir la convicción del párrafo anterior, sino que deben ser los principales sponsors e instigadores de la transformación. Si esto no se cumple, el proceso se quedará parado en la línea de salida.
  • Inversión: puede que parezca obvio, pero nadie puede pretender llevar a cabo una transformación digital en su organización sin estar dispuesto a destinar importantes recursos, tanto a la hora de empujar el cambio cultural de sus miembros, como en el momento de dotarla de nuevas tecnologías.
  • Paciencia: el corto plazo es enemigo de la transformación. Los cambios profundos que deben producirse dentro de una organización llevan tiempo, los resultados no llegarán rápidamente y, en gran medida, tampoco serán tangibles. No esperar el retorno inmediato es, sin duda, uno de los mayores saltos de fe que tienen que hacer los presidentes y directores generales que se embarcan en una transformación digital.

En definitiva, yo creo en la transformación digital. Tengo la suerte de ser testigo silencioso de sus efectos en la compañía en la que trabajo y es toda una satisfacción constatar día a día cómo se va convirtiendo en algo, cada vez, más real.

 

Gestor de Transformación Digital

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