La guerra que tiene Twitter abierta con el ecosistema de desarrolladores externo a la compañía que hace uso de sus APIs es por todos conocida.

Gracias a los desarrollos de terceros, en su día Twitter consiguió volverse todo un referente de servicio social. Pero una vez estabilizado en números (y con vaivenes nada halagüeños), toca ir poco a poco cerrando el grifo.

Lo hizo en su día ocultando el número de compartidos que tenía una página. Un elemento que muchos usábamos en nuestras webs para sacar pecho, y que fue borrado incluso del botón oficial de la plataforma… mientras seguía visible en el analytics de Twitter, curiosamente dentro de su servicio de publicidad. Es decir, $$$.

En 2012 capó los tokens que utilizaban los clientes de terceros. Si tu app tenía más de 100.000 usuarios, lo más probable es que en cualquier momento Twitter te cerrara el grifo (ES). Y si querías mantener tu servicio funcionando tocaba entrar en negociaciones con la compañía. Es decir, $$$.

Junto a ello, además, se modificó la API, y ya en la versión 1.1 se dejaba abierta la posibilidad de que nuevas funcionalidades no quedasen cubiertas por su API, y por tanto, no estuvieran disponibles para desarrollos de terceros. DMs grupales, envío de imágenes en grupo, encuestas, o el poder añadir un GIF (que se viera en movimiento) son algunos ejemplos. Cada desarrollador se busca las castañas con apaños, pero hay veces que ni siquiera esto es posible.

El objetivo, por tanto, es claro: dar prioridad a que todo el que quiera utilizar Twitter lo haga desde su propia interfaz, donde Twitter tiene la capacidad y el control total de la publicidad que le muestra al usuario. Los desarrolladores de terceros le han ayudado a crecer, pero una vez en lo alto, son prescindibles.

Esto ha vuelto a ocurrir la semana pasada con la decisión de no contabilizar las menciones en conversaciones grupales. Gracias e ello, cuando respondemos al tweet de otro usuario, éste será mencionado junto al resto de menciones de otros usuarios que hayamos incluido pero sin contabilizar para el límite de los 140 caracteres que históricamente tiene la herramienta. Y además, se muestra de una manera muchísimo más legible en el timeline de la red social. Algo que se agradece sobre todo cuando hay mencionados un buen puñado de usuarios.

Llega a las apps oficiales, claro está, pero no a los desarrollos de terceros.

Por Xataka (ES) hacen un buen análisis de los números que seguramente han empujado a Twitter a tomar este tipo de decisiones. Está claro que la red de microblogging no está pasando su mejor momento, pero es que como ya he dicho en más de una ocasión, estamos comparando peras con manzanas.

Twitter no es para el grueso de la sociedad, y por ende, no juega al nivel de Facebook o Instagram. Las barreras de entrada son muchísimo más acentuadas en ella, y la herramienta se vuelve tan valiosa o tan absurda como el propio usuario esté dispuesto a que sea, siguiendo perfiles que de verdad comparten contenido de valor, o perfiles de amigos y familiares que previsiblemente no comparten nada interesante.

Lo que no quita que tengan que demostrar a los accionistas (la mayoría seguramente analfabetos digitales) que son capaces de generar números que se acercan a los que manejan gigantes masivos como Facebook o Google. Y que les está llevando a cerrarse en su propio ecosistema, expulsando de él precisamente a quienes más deberían estar mimando. Esos que han hecho grande a Twitter ahí donde el resto de redes sociales, por sus APIs acotadas, no lo han permitido.