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La Verdad Es Más Necesaria Que La Posverdad

La verdad es más necesaria que la posverdad

La existencia y difusión de bulos y rumores, de mentiras, medias verdades y noticias falsas, de intoxicación informativa, no son un nuevo fenómeno; de hecho, eso que ahora se conoce como fake news es algo tan antiguo como la actividad social del ser humano.

Sin embargo, ahora sus efectos son mucho más perniciosos y dañinos; ya que su capacidad de multiplicación a partir de herramientas tan poderosas como las redes sociales y el acceso casi universal a Internet las han convertido en armas de influencia masiva que dificultan, aún más, la convivencia entre política e información. Vivimos en los tiempos de la posverdad y las fake news.

Es esta una época en la que resulta difícil distinguir la verdad de la mentira y la buena voluntad de las intenciones de crear caos. La información es tan abundante que cuesta más que nunca identificar la que es valiosa y la que no vale nada. La posverdad difumina la frontera entre la verdad y la mentira, y crea una tercera categoría distinta a las dos anteriores. Una en la que un hecho, ficticio o no, es aceptado de antemano por el simple hecho de que encaja con nuestro pensamiento.

Para entender esta propagación, es crucial entender los incentivos de Facebook, Twitter o Google: su objetivo es vender publicidad, y para ello necesitan que los usuarios de estas plataformas pasemos mucho tiempo enganchados en sus redes. Nosotros no somos sus clientes. Nuestra atención es el producto que ellos cosechan, y luego se lo venden a los anunciantes, sus clientes. Ya sabes, “si no pagas, no eres el cliente, eres el producto”. Los algoritmos que diseñan, nos observan, aprenden nuestras preferencias y se adaptan a ellas, para que las noticias, vídeos o fotos que alguien publica en su plataforma se extiendan más y mejor por la red, para que se hagan virales, las leamos, las compartamos, las discutamos,…

En parte, ese esfuerzo por maximizar nuestro interés es positivo para nosotros, los usuarios. Si me gusta el fútbol y soy colchonero, me enseñarán noticias sobre el Atlético de Madrid, y eso me satisface. Pero esto, también tiene un lado muy oscuro.

Las investigaciones de ese lado oscuro tuvieron su inicio en un grupo de activistas que llevan años analizando la propagación y difusión de bulos por Internet. Su historia nos sirve para entender el problema al que nos enfrentamos. La pionera de estos activistas es Renée DiResta (EN). Descubrió el poder de los bulos por casualidad: cuando nació su hijo, buscó información sobre vacunaciones y descubrió que tras visitar webs de los chiflados de las conspiraciones antivacunas, Facebook la “invitaba” a leer publicaciones de otros antivacunas. El universo se ampliaba, pero siempre en la misma dirección. Cuantos más chiflados leía, más se le presentaban, entrando en un universo homogéneo de idiotez autoconfirmada.

Y no solo eso. Cuando el algoritmo aprendió que era sensible a las teorías conspiratorias de los antivacunas, Facebook le mostraba nuevas teorías conspiratorias en otras áreas (por ejemplo, gente que cree que las nubes blancas que dejan los aviones en el cielo son sprays químicos para manipularnos). Así, gente que antes era el “tonto del pueblo” y sería ignorado por todos, ahora encuentran un público similar dispuesto a colaborar extendiendo esos bulos. No hace falta que un gobierno malvado nos manipule, porque si creemos en los ovnis, veremos historias sobre gente que vio ovnis.

No se trata, solo, de que alguien en Facebook publique noticias falsas, o quiera que leamos noticias falsas. Es que el mismo algoritmo que aprende que nos gusta el Atlético de Madrid, también aprende que nos gustan las historias raras que cuentan menganito o zutanito, y nos busca otras similares. Así es como la desinformación y las fake news se expanden de persona a persona.

Ser conscientes de esta compleja realidad y buscar fórmulas eficaces para afrontarla, son pasos necesarios e imprescindibles para combatir la sistemática propagación de la desinformación y la intoxicación informativa con fines políticos.

Internet iba a fomentar la democracia y la igualdad de información. Nos ha traído otras cosas menos deseables; pero estamos a tiempo de combatir los desafíos de la desinformación a través de esos mismos canales. Porque, la verdad es mucho más necesaria que la posverdad.

Paco Barranco

Director de Estrategia en dygytalya

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