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Censura Digital En Tiempos De Internet

Censura digital en tiempos de Internet

He seguido muy de cerca estas últimas semanas todo lo que ha acontecido al caso “Fariña”. Por si no lo sabe, el pasado mes de enero, el exalcalde de O Grove, José Alfredo Bea Gondar, demandó al periodista Nacho Carretero y a la editorial Libros del KO por supuesta vulneración de su derecho al honor.

En el juicio, la jueza Alejandra Pontana, acabó por darle la razón y sentenciar la medida más radical posible: el secuestro del libro y la prohibición de su venta.

El tema es interesante por dos motivos. El primero, es que es el primer secuestro oficial de un libro en la última década. Lo que de facto significa que es la primera vez que nos enfrentamos a un secuestro en un ecosistema digital profundamente hegemónico.

Vale que podemos obligar a las tiendas y a las plataformas digitales a dejar de vender el libro. Pero, ¿qué hacemos con los que ya lo tengan? Si lo tenían físico no se puede hacer nada (ya solo faltaba que nos dedicáramos a ir casa por casa para destruirlo), ¿pero en derroteros digitales? A sabiendas que muchos lo tienen en plataformas centralizadas como la de Amazon, capaces de hacer desaparecer de la biblioteca de millones de personas un producto con tan solo apretar un botón (ES)?

El caso es que además el secuestro ha servido, como cabría esperar, para darles acceso a una campaña publicitaria impagable. Durante las semanas que han tardado en bloquearlo en plataformas digitales, Fariña se ha hecho (al menos a nivel nacional) profundamente conocido. Es a todas luces “ese libro que los políticos no quieren que leas”, donde “se sacan los trapos sucios que unieron durante tantos años a muchos altos cargos con el narcotráfico gallego”.

Pero al final, ha ocurrido. Y hecha la ley, hecha la trampa.

Ha sido ejecutar la orden, y en cuestión de días ya había aparecido una web donde podías leer el libro de forma totalmente legal. ¿Cómo? Muy sencillo. Alguien se ha dedicado a desarrollar un algoritmo capaz de identificar frases y palabras de El Quijote que coinciden con la obra de Carretero, ordenarlas adecuadamente, y ofrecérselas al lector.

Por ejemplo, para crear el nombre del famoso narco Sito Miñanco, la plataforma del gremio de libreros usa palabras como “MIrada”, “cabaÑA” y “maNCO” para dar lugar al apellido.

Lo que tenemos ante nosotros no es “Fariña”, sino una reinterpretación de “El Quijote” que curiosamente coincide con el contenido del primero.

Brillante… pero con los días contados.

Actualmente la página (ES) ya muestra un cartelito que anuncia su cierre debido a otra petición judicial. Pero me pregunto cuánto tardará en aparecer versiones semejantes. Descontando todas las versiones piratas que cualquiera puede encontrar en una búsqueda rápida por la red.

Esta misma semana otra obra (en este caso la película “La Muerte de Stalin”), ha sufrido el mismo porvenir (EN) en otro país (en este caso, Rusia). Algo que allí es hasta cierto punto normal, y que pese a todo (está claro que el sistema censor de un país como Rusia es considerablemente más exitoso que el que podríamos encontrar en un país democrático como España), tiene los días contados.

Un ejemplo más de la estupidez humana. De las aspiraciones de control de unos pocos, y del desconocimiento total de cómo funcionan las mecánicas de viralización de contenido en un entorno profundamente digital.

Pablo F. Iglesias

Consultor de Presencia Digital y Reputación Online, aportando masa gris como Ejecutivo de Tecnología y Seguridad en SocialBrains, que no es poco :).

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