Saltear al contenido principal
1-800-987-654 admin@totalwptheme.com
#PoniendoAPruebaAlPresi: Al Hilo De La Proliferación De Las Fake News

#PoniendoAPruebaAlPresi: Al hilo de la proliferación de las Fake News

Volvemos una semana más con una pieza de PoniendoAPrueba, en este caso a nuestro presidente, David de Silva, al que hemos engañado vilmente para que nos de algunas lecciones sobre el efecto de las noticias falsas, así como el cómo entiende él el mercado de la influencia digital (ES), tan supeditado a mecánicas de tergiversación.

Por aquí van las preguntas. ¡Que las disfrutes!

Eres de sobra conocedor del impacto que han tenido este último año campañas bien diseñadas, y con recursos más que suficientes, de noticias falsas, principalmente en países democráticos. El problema es complejo de afrontar, pero me gustaría saber qué opinión te merecen los movimientos llevados a cabo por las empresas de servicios (Google, Facebook, Twitter…) y por los gobiernos para contrarrestarlo. ¿Es papel de los primeros, de los segundos, de ambos? ¿En qué medida?

La difusión de fake news es tan antigua como la comunicación humana (pensemos si no en los rumores o las leyendas urbanas). El problema es que ahora se difunden con una estrategia y un objetivo, generalmente malicioso, que las convierten en potencialmente peligrosas por el impacto que pueden tener en la percepción social de una determinada realidad. Por tanto, detener o limitar el impacto de las fake news es una tarea que corresponde a todos los actores sociales:

  • Las empresas deben responsabilizarse en cierta medida de los contenidos que difunden y dedicar una parte de los ingentes beneficios que obtienen de la difusión o indexación de contenidos en asegurar la calidad de los mismos, al fin y al cabo son los primeros interesados en que los usuarios podamos disfrutar de sus servicios sin ser intoxicados por falsedades o manipulaciones.
  • Por su parte, los gobiernos deberían dejarse de tantas “leyes mordaza” y centrarse en crear un entorno colaborativo y un marco legal que permita combatir este tipo de prácticas. Esto se aplica también a los partidos políticos… no hace falta mirar a Rusia ni las elecciones estadounidenses para encontrar este tipo de prácticas, si escarbamos un poco en al hemeroteca digital (y validamos al veracidad de la información encontrada) es fácil concluir que casi ningún partido político de nuestro país puede tirar la primera piedra, porque casi todos han hecho uso en un momento u otro de perfiles falsos o redes de bots para tergiversar la realidad.
  • Y todavía nos queda por analizar el papel que debe jugar el actor social más importante: los propios individuos. Aquí mi posición es clara (tal vez porque he releído demasiadas veces a Rosseau) y creo que tanto gobiernos como empresas y proveedores de servicios deberían aflojar un poco el dogal digital y devolver a Internet su neutralidad y a los usuarios el derecho a decidir qué contenidos quieren recibir, qué contenidos quieren leer y qué contenidos quieren difundir.

Ejemplos como Wikipedia o Wikileaks demuestran que entornos colaborativos gestionados por usuarios que se preocupan de mantener esos espacios libres de desinformación se ven mucho menos afectados por las fake news que las empresas de redes sociales, los gobiernos o los propios medios de comunicación.

Las campañas de fake news atacan a la propia esencia colaborativa de la Red. Si el contenido que consumimos puede ser tergiversado con la creación de miles de cuentas e interacciones falsas, las variables que rigen el mundo digital pierden valor. A sabiendas de esto, y puesto que sé que andas muy metido en el negocio de la influencia en Internet, ¿qué crees que debería hacerse para sanearlo? ¿Cómo podemos validar la influencia de un perfil si éste puede haber aumentado artificialmente sus KPIs? ¿Cómo podemos cuantificar el valor que ofrece un influencer a una marca sin basarnos en variables que han demostrado ser potencialmente inexactas?

Sanear esto es imposible según están las cosas actualmente, ya que las propias empresas que gestionan el servicio viven de “vender usuarios” a empresas y anunciantes por lo que, aunque todas tienen políticas activas para eliminar este tipo de perfiles falsos, no tienen una estrategia sistemática para hacer “limpieza”… probablemente porque algunas perderían hasta un 20% de sus usuarios y además, estas medidas afectarían a usuarios reales pero inactivos o que adoptan un papel de leechers y son poco participativos.

Efectivamente, desde que el marketing de influencia está en auge, la compra de seguidores (e incluso de interacciones) ha aumentado exponencialmente. Por eso, las agencias y consultoras especializadas hemos tenido que desarrollar tecnologías y metodologías que nos permitan validar no sólo la influencia real de un perfil, sino también una métrica que llamamos Brand Value y nos permite cuantificar qué aportación real obtienen las marcas de su interacción con este tipo de perfiles a los que se les presupone capacidad de influencia y prescripción.

Eso sí, todo esto requiere reforzar la inversión en tecnología, realizar un importante esfuerzo de monitorización y dedicar recursos en forma de operadores humanos que analicen las interacciones conseguidas por los influencers y pueda discriminar las menciones reales de las realizadas por bots y las irrelevantes de las que realmente aportan algo al posicionamiento de la marca o el producto que realiza la campaña… tal vez el desarrollo de la web semántica y y de la inteligencia artificial permitan automatizar estos procesos, que actualmente se realizan de forma bastante “artesanal”.      

Para terminar, una pregunta que supongo ya te esperarías. ¿Qué podemos hacer para ser menos susceptibles a las campañas de fake news? ¿Cómo deberían funcionar las herramientas digitales para minimizar este riesgo?

Creo que finalmente nos corresponde a los usuarios el ser capaces de discriminar entre información verdadera y fake news. No invento nada nuevo si digo que estar bien informado cuesta tiempo y dinero (aunque en este caso se puede conseguir gratis gracias a la información abierta y disponible en la red). Digamos que debemos estar en “modo escéptico on” y ante cualquier noticia que nos llegue, resistir el impulso de compartirla sin antes haber podido comprobar su veracidad. Tampoco reinvento nada si digo que la mentira tiene las patas muy cortas y, aunque gracias a Internet le han crecido un poco las piernas, cualquier noticia puede ser verificada si acudimos a fuentes oficiales o de confianza.

Respecto a las herramientas digitales… yo no soy partidario de la actual tendencia de que incluyan algoritmos que preseleccionen qué información vamos a ver en nuestros canales, porque me parece que nos adentramos en un terreno peligroso, que me recuerda a ciertas novelas distópicas de ciencia ficción, y que deberían confiar más en el criterio de los usuarios, añadiendo si acaso herramientas que permitan a los propios usuarios denunciar que un contenido es presumiblemente falso y malintencionado o incluso que un perfil se dedica a difundir de forma sistemática este tipo de contenidos.

Y hasta aquí podemos contar.

¿Quién será el próximo al que entrevistaremos? ¿Y sobre qué? Puedes enviarnos tus preguntas desde el formulario de contacto (ES) o directamente al correo de un servidor (ES).

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Volver arriba