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#PoniendoAPruebaAlCEO: Sobre Legislación Digital

#PoniendoAPruebaAlCEO: sobre legislación digital

Nueva pieza en la que entrevistamos a nuestro CEO, Alfonso Piñeiro, esta vez sobre la reciente comparecencia de Zuckerberg ante la comisión parlamentaria estadounidense (EN), que nos ha dejado varios momentos claves. Algunos de ellos asociados a una serie de cuestiones que me parecen interesantes trasladar por estos lares.

Vamos con ello.

1.- Zuckerberg se mostró esquivo, pero no cerró las puertas a que el día de mañana existiera una versión de Facebook de pago no asociada al negocio actual de la compañía. ¿Crees que tendría salida algo así, y en caso afirmativo, bajo qué escenario y hacia qué nicho o nichos debería apuntar?

¿Recuerdas cuando desde finales de los años 90 y durante más de una década lo normal era descargarse música sin pagar por ello? Y después de la música llegaron los vídeos. Hay toda una etapa del inicio de la era digital, que todavía en buena parte persiste, en el que el planteamiento era: oiga, si yo ya pago por estar conectado, ¿por qué voy a pagar por consumir ningún contenido? El problema real no era la gratuidad o no de los contenidos, sino su disponibilidad en plataformas reguladas, estandarizadas y accesibles por cualquier internauta. Simplemente no existían, y de haber dejado todo en manos de aquellas compañías productoras y distribuidoras, o mejor dicho, de la filosofía que entonces tenían, seguramente hoy seguiríamos en las mismas: haciendo trampas en la red para llegar a donde algunos no querían que llegáramos.

El consumidor va siempre por delante y aquel fue un magnífico ejemplo: a regañadientes, obligó a la industria a reposicionarse y a ofrecer los contenidos en streaming, y hoy lo más normal del mundo es suscribirse a servicios en los que pagas diferentes fees en función del alcance que quieres que dicho servicio tenga. A mí que nadie me quite mis 240 €/anuales entre música y producciones audiovisuales. Me dan literalmente más de lo que puedo alcanzar a consumir en una vida.

¿Un Facebook de pago? ¿A cambio de qué? ¿Qué me ofreces, Zuck? Somos muchos los que estamos dispuestos a pagar por servicios diferenciados, ágiles, directos, eficaces y en los que podamos percibir la sensación de ser soberanos de nuestras decisiones y no invadidos. Adelante. Prueba. Mueve ficha.

2.- El senador Graham leyó en alto parte de los términos y condiciones de Facebook y comentó “Soy un abogado y no tengo ni idea de lo que eso significa. Pero cuando miras los términos del servicio, eso es lo que encuentras. ¿Crees que el consumidor medio entiende lo que acepta?”. A lo que Zuckerberg contestó que era consciente de que el usuario no se leía los términos y condiciones de los servicios que utilizan, Facebook incluido.

A sabiendas de ello, ¿no sería más lógico cambiar el modelo legal actual, flexibilizándolo, y sobre todo, sintetizándolo? ¿Quizás hacia algo parecido al sistema de aceptación de permisos en aplicaciones? ¿O se te ocurre alguna otra manera?

Eso es algo que hay que plantearle al propio sistema legislativo. ¿Entiende todo el mundo lo que firma cuando contrata un coche, un préstamo hipotecario, un servicio de salud privado o, lo que es peor, un trámite relacionado con las administraciones públicas? Las leyes son necesarias, y su impacto social, en la vida de las y los ciudadanos, debe estar hecho con el máximo de precisión. La necesidad de reflejar en textos jurídicos las relaciones vinculantes y no vinculantes entre empresas y particulares, gobernantes y gobernados, administradores y administrados, empleadores y empleados, ha conducido de forma histórica a una hiperinflación de terminologías “leguleyas” en las que lo más cómodo es hacer dejación de funciones. Hemos cambiado el “acepto” por el “me fío”, que es una forma de decir “no sé si aceptaría de verdad, pero no me queda más remedio que aceptar”.

Pero ojo con que esa conformidad legal signifique siempre que la justicia actuará a instancias de quien ha solicitado el concurso de quien firma. Es decir, y en este caso, de Facebook. Miremos los palos que la Justicia española ha asestado a las condiciones draconianas que se impusieron a quienes pusieron sus ahorros a disposición de fondos de inversión, en contratos con letra ilegible de lo pequeña que era, y con una redacción expresamente orientada a forzar decisiones que a la postre fueron equivocadas. Una cosa es lo que se firma, otra es lo que es legal, y otra es lo que la Justicia interpreta.

Mientras tanto, sí haríamos bien en fundar una plataforma que exija la hipersimplificación de las condiciones de uso de cualquier contrato, tanto para agilizar los trámites de su contratación como para desatascar el colapso histórico de la Justicia. ¿Te animas? ¿Nos lanzamos?

3.- Zuckerberg lo tiene claro. Pero quiero saber qué opinas tú. ¿Es Facebook un monopolio?

Si nos vamos a la definición de monopolio que da la Wikipedia, solo coincide por cuatro palabras: “gran poder de mercado”. En todo lo demás, no sirve para definir la realidad de Facebook. ¿Existen productos sustitutivos? Sí. ¿Hay un privilegio legal? No. ¿Es el único vendedor del mercado? No. La pregunta real habría de ser “¿ejerce una posición de dominio?”. Sí. Como la ejerce Google en las búsquedas, Santander y el BBVA en la banca española, Movistar en la telefonía, Mercedes y Ferrari en la Fórmula 1, EEUU en la hegemonía militar, Spotify en el ocio musical, Amazon en las compras online, Netflix en las producciones audiovisuales para el mercado digital, o Mediaset y Atresmedia en el ámbito televisivo. Sí. Claramente.

Cuando vemos que se señala a quien tiene una posición dominante como si fuera el culpable de dicha posición, como si tuviera que pedir perdón o arrepentirse de ello, lo normal es que si miramos al dedo acusador nos encontremos una ponzoña social conformada por competidores envidiosos, políticos ignorantes, legisladores roñosos y una masa amorfa de usuarios que se apuntan a caballo ganador. Una turbamulta que en el peor de los casos consigue hundir un proyecto empresarial, y en el mejor arañar unos cuantos miles de dólares en concepto de multas que resultan sonrojantes por lo arbitrarias y desproporcionadas que suelen ser. Lo cual no quiere decir que dichos proyectos empresariales sean obra de santos o de ángeles de la caridad. Son lo que son: proyectos para ganar dinero. Si lo consiguen sin haber incurrido en ilegalidades, lo que no vale es aprobar leyes ad hoc para dejarlos fuera de la ley. Eso es ventajismo. Eso sí que es un monopolio: el de quien hace, reescribe y aplica las leyes, si las leyes anteriores no nos sirven para obligar a los nuevos players a abonar su correspondiente derecho de pernada.

Las leyes se deben adaptar para proteger al administrado, no para perseguir a quien por sus propios medios ha alcanzado una posición de liderazgo.

4.- ¿Regular o no regular los servicios digitales? Y en tal caso, ¿bajo qué legislación?

En ningún caso, bajo una legislación que sirva para explicar el mundo anterior al mundo digital. En ningún caso, tampoco, bajo legislaciones que se elaboren ad hoc para vigilar los nuevos escenarios. Oiga, se me podría decir, pues si no vale con lo de antes, y no vale con lo nuevo, ¿entonces qué? Pues se trata justamente de generar nuevas legislaciones cuyo objetivo no sea perseguir, castigar y obligar a los players de los nuevos escenarios, sino para proteger los derechos fundamentales de sus usuarios cuando estos se vean amenazados, sin que sean los prestadores del servicio los responsables de esos daños.

Pongamos un ejemplo para visualizarlo mejor: el típico “caco” que roba en una tienda de comestibles, y que en asalto hiere a un cliente con una navaja. El delincuente es el ladrón, y quienes resultan dañados son el tendero, por lo económico, y el cliente, por lo físico. A quien hay que perseguir, detener, y obligar a pagar las reparaciones de los daños es al ladrón. Pero de un tiempo a esta parte en los entornos digitales parece que lo “normal” es obligar al tendero a informar a su clientela de que puede ser objeto de daños por parte de ladrones, y que el cliente debe prestar su consentimiento expreso a comprar en esa tienda incluso si resultaran heridos en el supuesto improbable de un atraco. Y si este finalmente se produce, el tendero debe ser capaz de demostrar que toda su clientela estaba informada, y si no pagar la correspondiente multa. Oiga, no: el delincuente es el que roba, no el que pone su negocio y crea economía.

5.- Lo que de facto nos lleva a mirar hacia esa GDPR que entrará en vigor en Europa dentro de apenas unos días. ¿Algo que objetar al respecto?

En el marco de lo respondido hasta ahora, y solo en ese, y expresamente en ese, lo ya objetado por aquí mismo semanas atrás.

En todo lo demás, quien habla es un ciudadano ejemplar que procura cumplir con sus obligaciones, y que si no lo hace nunca será por generar un daño, sino en todo caso por desconocimiento. Lo digo porque últimamente parece que el Gran Hermano nos vigila más que nunca. Y para uno, que ha sido hermano grande toda la vida y educado en valores democráticos, que le puedan tener bajo vigilancia obliga, cuando menos, a tomar las cautelas mínimas de decir “si metí la pata, lo siento; no era mi intención”.

Y por cierto, que puedes enviarnos tus preguntas desde el formulario de contacto (ES) o directamente al correo de un servidor (ES).

Pablo F. Iglesias

Consultor de Presencia Digital y Reputación Online, aportando masa gris como Ejecutivo de Tecnología y Seguridad en SocialBrains, que no es poco :).

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